El Plymouth Superbird de 1970 se destaca como uno de los muscle cars más emblemáticos jamás construidos, no sólo por su potencia bruta sino por su diseño radical que engaña al viento. A diferencia de muchos contemporáneos que se centraban exclusivamente en la velocidad en línea recta, el Superbird fue diseñado para una cosa: dominar los circuitos de NASCAR. Su fama duradera se vio impulsada recientemente por un cameo en el éxito de taquilla animado Cars, pero su legado se forjó en las pistas décadas antes.
La necesidad de velocidad: regulaciones de NASCAR y corredores legales en carretera
El Superbird, junto con su hermano Dodge Charger Daytona, surgió de una peculiaridad específica en las reglas de NASCAR. En ese momento, para calificar para la competencia, los fabricantes tenían que vender al público un mínimo de 1.920 versiones legales de sus autos de carreras. Esto llevó a la práctica extraña pero efectiva de colocar máquinas de carreras extremas en los concesionarios.
El Superbird se basó en el Plymouth Road Runner, pero fue muy modificado por motivos aerodinámicos. Su distintivo morro puntiagudo y su altísimo alerón trasero no eran sólo para mostrar; fueron producto de pruebas en túnel de viento. Sin embargo, la altura del alerón trasero no se debía únicamente a la carga aerodinámica: también estaba dictada por la necesidad de abrir el maletero.
Potencia y rendimiento: motores y compensaciones
Plymouth ofrecía tres opciones de motor: un V8 de 7,2 litros y 375 caballos de fuerza y el legendario “Hemi” de 426 pulgadas cúbicas (7,0 litros) que producía 425 caballos de fuerza. Irónicamente, a pesar de las ambiciones aerodinámicas del Superbird, su peso extra debido al morro de acero y al enorme ala en realidad lo hacían más lento en la salida que el Road Runner estándar.
Dicho esto, en configuración de carrera completa, el Superbird equipado con Hemi podría superar las 200 mph. Sin embargo, las máximas prestaciones del coche duraron poco. En 1971, NASCAR cambió las regulaciones sobre el tamaño del motor, eliminando efectivamente la ventaja aerodinámica del Superbird, y Plymouth lo suspendió después de solo un año de producción.
El Superbird sigue siendo un símbolo de una era en la que los fabricantes traspasaron los límites de lo que era posible (y a veces necesario) para ganar en la pista. El coche es un recordatorio de que incluso los diseños más extremos pueden nacer de las reglas más mundanas.






















