La crisis de la “velocidad de China”: por qué los fabricantes de automóviles tradicionales luchan por sobrevivir

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El panorama automovilístico mundial está experimentando un cambio sísmico y los gigantes tradicionales de la industria se encuentran a la defensiva. Una visita reciente a Shanghai del presidente de Honda, Toshihiro Mibe, ha puesto de relieve una creciente sensación de urgencia (e incluso miedo) entre los fabricantes tradicionales mientras luchan por competir con la enorme velocidad del ecosistema automotriz chino.

El dominio cada vez menor de Honda en el mercado chino

Honda se enfrenta actualmente a una tormenta perfecta de caída de ventas y reveses estratégicos. En China, la presencia de la empresa en el mercado se ha desplomado; Las ventas han caído desde un máximo de 1,62 millones de unidades en 2020 a unas 640.000 proyectadas en 2025.

Esta disminución ha creado una peligrosa brecha de eficiencia. Actualmente, Honda utiliza sólo aproximadamente la mitad de su capacidad de fabricación en la región. En la industria automotriz, generalmente se requiere una tasa de utilización del 70% al 80% para alcanzar la rentabilidad. Operar al 50% significa que la empresa tiene dificultades para cubrir sus costos fijos, lo que genera una presión financiera significativa.

La lucha no se limita a los motores de combustión interna. Honda se ha enfrentado a una difícil transición hacia los vehículos eléctricos (EV), y recientemente canceló varios proyectos clave, entre ellos:
– Los modelos 0 SUV y 0 Sedan.
– El resurgimiento del Acura RSX.
– La asociación Afeela EV con Sony.

Estas cancelaciones señalan un desafío industrial más amplio: la dificultad de construir un modelo de negocio rentable para los vehículos eléctricos y al mismo tiempo competir contra rivales más ágiles y centrados en la tecnología.

El fenómeno de la “velocidad china”

El núcleo del problema radica en lo que los conocedores de la industria llaman “Velocidad de China”. Mientras que las marcas tradicionales a menudo requieren de cuatro a cinco años para diseñar y lanzar un nuevo modelo al mercado, los fabricantes chinos y sus proveedores a menudo pueden completar el ciclo completo en dos años o menos.

Durante una visita reciente a una fábrica proveedora de Shanghai, el presidente Mibe habría comentado: “No tenemos ninguna posibilidad contra esto”, señalando la increíble eficiencia y los rápidos ciclos de desarrollo de las empresas nacionales chinas. No se trata sólo de velocidad; se trata de una cadena de suministro altamente integrada que puede producir vehículos a un costo y ritmo que los fabricantes de automóviles tradicionales occidentales y japoneses encuentran casi imposibles de igualar.

Una creciente sensación de crisis en toda la industria

Honda no es un caso aislado. Una ola de alarma se está extendiendo entre los dirigentes de las empresas automovilísticas más establecidas del mundo:

  • Ford: El director ejecutivo Jim Farley ha advertido que la enorme capacidad de producción de China es suficiente para atender a todo el mercado norteamericano, lo que podría dejar fuera del negocio a todos los competidores extranjeros.
  • Toyota: Incluso el mayor fabricante de automóviles del mundo está sintiendo la presión. El ex director ejecutivo Koji Sato lanzó recientemente una contundente advertencia a los proveedores: “A menos que las cosas cambien, no sobreviviremos”.

La amenaza ya se está manifestando en los mercados internacionales. En Europa, las marcas chinas están empezando a hacerse con un territorio importante. Los datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) muestran que BYD y SAIC ya están capturando cuotas de mercado que superan con creces el desempeño actual de Honda en la región.

El pivote estratégico de Honda

En un intento por recuperar su posición, Honda está reestructurando su enfoque de investigación y desarrollo. La empresa es:
1. Restaurar una división de I+D independiente mediante la reubicación de miles de ingenieros en una nueva filial autónoma.
2. Descentralizar la toma de decisiones para permitir una mayor libertad creativa, alejándose del control altamente centralizado que ha caracterizado los últimos seis años.

El objetivo es inyectar más agilidad en el proceso de desarrollo, imitando la rápida iteración observada en China. Sin embargo, aún está por verse si este cambio estructural puede cerrar la enorme brecha en la velocidad de producción y la rentabilidad.


Conclusión: El rápido aumento de la fabricación de automóviles en China ha creado una crisis estructural para los fabricantes de automóviles tradicionales. Para sobrevivir, los gigantes tradicionales deben encontrar una manera de igualar la velocidad y la rentabilidad sin precedentes del modelo chino, o corren el riesgo de quedar marginados en la transición global hacia la movilidad eléctrica y de alta tecnología.