Dinamarca está cambiando a alumbrado público rojo en ciertas áreas, lo que marca un paso significativo hacia la mitigación del impacto de la contaminación lumínica en la vida silvestre y, al mismo tiempo, prueba tecnologías de vanguardia para ciudades inteligentes. La ciudad de Gladsaxe, cerca de Copenhague, lidera la iniciativa instalando aproximadamente 5.000 farolas LED rojas, especialmente a lo largo de rutas frecuentadas por siete especies de murciélagos.
¿Por qué rojo? La ciencia detrás del cambio
Las luces tradicionales de espectro blanco y azul alteran las capacidades naturales de ecolocalización de los murciélagos, dificultando sus comportamientos de búsqueda de alimento y reproducción. La investigación de la Dirección de Carreteras de Dinamarca (DRD) reveló esta interrupción, lo que provocó el cambio a LED rojos. La luz roja, con sus longitudes de onda más largas, interfiere mucho menos con la navegación y la vida diaria de los murciélagos. Esto no se trata sólo de murciélagos; se trata del impacto más amplio de la luz artificial en los ecosistemas.
El interruptor también ofrece beneficios prácticos: los LED rojos consumen menos energía que las luces de sodio más antiguas y requieren menos mantenimiento. Su brillo es ajustable, lo que permite una seguridad vial óptima sin un exceso de luz.
Iluminación inteligente: más que solo iluminación
El proyecto va más allá de la protección de la vida silvestre. Estas nuevas luces incorporan sensores de movimiento, lo que marca una etapa temprana en la integración de la infraestructura vial con sistemas inteligentes. La empresa holandesa Signify imagina un futuro en el que las farolas funcionen como “nodos digitales”: dispositivos conectados con direcciones IP, capaces de albergar 5G, Wi-Fi, CCTV e incluso micrófonos de detección de ruido.
“El alumbrado público ha alcanzado la mayoría de edad… proporcionando una iluminación de calidad, pero también como un nodo digital”, afirma el portavoz de Signify, Harry Verhaar.
Esta interconexión podría generar datos valiosos sobre patrones de tráfico, uso de electricidad y contaminación acústica, lo que permitiría a las ciudades adaptar los niveles de iluminación en función de la actividad en tiempo real. Las implicaciones son enormes: desde un consumo energético optimizado hasta una mayor seguridad pública y una planificación urbana basada en datos.
Iniciativa europea y tendencias globales
El proyecto danés está financiado en parte por el programa “Lighting Metropolis – Green Mobility” de la UE, que ya ha sustituido 50.000 farolas antiguas en Dinamarca y Suecia. Mientras tanto, Australia está haciendo la transición a los LED blancos, y en Victoria se están realizando pruebas de opciones de color blanco cálido regulable.
La tendencia es clara: las ciudades de todo el mundo están avanzando hacia sistemas de iluminación más eficientes y ricos en datos. La pregunta no es si las farolas se volverán inteligentes, sino con qué rapidez y con qué eficacia se desbloqueará su potencial.
La adopción de LED rojos en Dinamarca representa un momento crucial en esta evolución, y muestra cómo las preocupaciones ambientales y la innovación tecnológica pueden converger para remodelar la infraestructura urbana.























