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O al menos, mire el exterior.
Mucho dinero te compra silencio. El viejo Pentastar V-6 de 293 hp ya no existe. Alejado. En su lugar se encuentra un motor 2.0 cuatro en línea turboalimentado de 3.6 litros, cuyo nombre en código es Huracán. Empuja 324 caballos.
Lo condujimos. Los números parecían buenos sobre el papel, en su mayoría. Nuestras pruebas mostraron que los nuevos cuatro eran 4 mpg más eficientes que los anteriores. Una ganancia modesta, pero una ganancia al fin y al cabo.
La potencia se siente diferente en los semáforos que en las carreteras abiertas.
¿La verdadera historia? El plegable. Correr de cero a sesenta tarda 6,3 segundos. Impresionante, ¿verdad? Espéralo. Comience desde solo 5 mph y ese tiempo se extiende hasta 7,6. Ese retraso dice la verdad. El Huracán no siempre tira con fuerza en todos los casos de uso, y la diferencia se siente clara cuando lo necesitas en el tráfico.
Luego está el viaje.
Queríamos suave. Compuesto. Lujo.
¿En cambio? Muelles neumáticos firmes. El aislamiento está ahí, sí, pero se inclina rígido. No es exactamente nuestra forma favorita de conducir por una autopista, dejando los baches como impresiones distintas en lugar de suaves susurros.
La factura llegó con dolor de cabeza.
$66,585 por el vehículo de prueba que manejamos. Esa es una propuesta bastante costosa para un vehículo que se siente firme y se retrasa en el despliegue. Pagas por la insignia, el nombre y el silencio del motor más pequeño, pero ¿la experiencia? Deja espacio para la reflexión.





















